
A la hora de interpretar textos, es de vital importancia tener en cuenta que en la literatura existen una serie de Universales.
Esto es, temáticas perennes, que atraviesan la historia y que, cuando el texto tiene la suficiente profundidad, rayan con nuestra psique.
Algunos de ellos son el Amor, la Muerte o la Venganza.
Y es que, por muchas décadas, siglos o milenios que transcurran, seguiremos amando, seguiremos siendo mortales y, alguno de nosotros —no todos, no, claro que no— seguirá acometiendo algún tipo de revancha.
La literatura, nace de la mente del autor. Como dije en el Manifiesto Teísta, “No podemos escribir fuera de nosotros, exactamente igual que no podemos soñar fuera de nosotros”.
Y es que, en efecto, la escritura es una suerte de sueño, como poco de ensoñación. Quizá por eso a los surrealistas les daba tan buen resultado el sueño literal como fuente de inspiración…
Claro que nadie salvo tú puede en última instancia saber qué has soñado realmente…
Igual pasa con la estructura de las narraciones: Una introducción, un nudo y un desenlace.
Pero es que así es como también contarías cualquier anécdota o batallita.
El lenguaje escrito puede no ser natural, pero la escritura desde luego sí lo es, entendida como un claro reflejo e instrumento… Del alma humana…



